Recuerdos de Gail Tredwell – Memorias de Kristy sobre Gayatri

Hemos recibido el siguiente testimonio de una antigua devota y residente del ashram:

Hola. Mi nombre es Kristy y quiero compartir mi historia. Vivía en el ashram cuando Gail Tredwell ( Gayatri ) se fue. Por razones aún desconocidas para mí, poco después de su partida, sus amigos cercanos se centraron en mí tratando desesperadamente de destruir mi fe en Amma. Ellos literalmente me rogaron que me fuera con ellos. Las mentiras que propagaban eran una locura, y, así, como un veneno, se filtraron en mi mente y, durante un breve espacio de tiempo, los escuché.

A menudo he pensado cómo, después de pasar tantos años con Amma y de ser una receptora de su extraordinario amor, pude escuchar aunque fuera por un segundo todo aquel parloteo que se basaba en supuestos puntos de vista de una persona en la que yo ‘ni siquiera confiaba’. Sin embargo, soy un ser humano, con mis propios miedos y negatividad, y ante unas circunstancias adecuadas pude quedar cegada temporalmente por ellos. Tuve que hacer un proceso de introspección y discernir lo que creía que quería hacer realmente con mi vida. Hoy en día no me arrepiento. No hay dudas, y sólo estoy llena de gratitud por lo que Amma me ha dado. Los últimos 15 años que he pasado con ella han sido los más felices de mi vida. El haber sido capaz de formar parte de la organización de Amma, en cualquier ocupación por pequeña que fuera, me ha dejado un sentimiento de contentamiento, de plenitud.

“Es irónico que Gail se retrate a sí misma como víctima de abuso físico y mental, cuando en realidad era ella a la que le gustaba regularmente victimizar a otros. Los dos rostros negativos que Gail presenta de Amma en su libro, no me recuerdan a Amma sino a Gail.”

Desde el día en que Gail se fue hasta ahora, no ha hecho más que extender las mentiras que han surgido de su propio autoengaño. Para aquellos a los que ella está intentando convencer y atraer, es para los que escribo este texto. Me gustaría compartir algunos pensamientos y experiencias con la esperanza de que si optais por leer su libro, lo hagáis con una mente clara y racional, sin olvidarse o sin dejar a un lado vuestras propias experiencias a lo largo del camino.

Mis recuerdos de Gail están divididos. A veces era amable y simpática y en otros momentos era increíblemente mala y rencorosa. Recuerdo una vez en el aeropuerto de Seattle donde estuve hablando con Gail mientras esperábamos que saliera el vuelo de Amma. Teníamos una buena conversación sobre algo irrelevante y ella se mostraba de buen humor, o eso creía yo. En un momento dado, se acercó un inocente devoto y cortésmente le informó que el avión iba a salir y le recordó que dentro de poco se iba a cerrar el registro de embarque. Para mi horror y vergüenza, Gail empezó a gritar: “¿No sabes quién soy? ¿Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer? ¡Aléjate de mí imbécil! ¡Voy a comprobarlo cuando esté lista!” Si yo hubiera estado acostumbrada a reconocer tal comportamiento bi-polar, me hubiera inclinado a indagar en su salud mental, en cambio sólo la excusé y traté de olvidarme del incidente.

“Se acercó un inocente devoto y cortésmente le informó que el avión iba a salir y le recordó que dentro de poco se iba a cerrar el registro de embarque. Para mi horror y vergüenza, Gail empezó a gritar: ‘¿No sabes quién soy? ¿Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer? ¡Aléjate de mí imbécil! ¡Voy a comprobarlo cuando esté lista!’”

Es irónico que Gail se retrate a sí misma como víctima de abuso físico y mental, cuando en realidad era ella a la que le gustaba regularmente victimizar a otros. Los dos rostros negativos que Gail presenta de Amma en su libro, no me recuerdan a Amma sino a Gail. A menudo me preguntaba cómo las mismas personas que ayudaron y adoraron a Gail pudieron soportar e abuso mental, e incluso físico, con el que ella les devolvía su afecto. A pesar del constante amor, alabanzas y atenciones que Gail recibió de todo el mundo a su alrededor, su mantra parecía consistir en repetirse “Nadie me quiere… No le importo a nadie… Nadie me considera…”

Recuerdo que unos meses antes de que Gail dejara el ashram me dijo algo que me sorprendió. Me dijo que deseaba poder ir a Estados Unidos sin Amma y hacer su propio recorrido por los programas americanos. Esta confesión me pareció muy extraña. Mirando hacia atrás, me he dado cuenta de que debía haber estado planeando algo. Tal vez su insaciable necesidad de atención y reconocimiento se habían apoderado de ella, extendiéndose como un virus a través de su corazón y mente. Ahora parecía como si todo lo que quería en la vida era tener gente a su alrededor que la admiraran, la adoraran y la amaran solo a ella.

Supongo que Gail pensó que su partid tendría un fuerte impacto en el ashram. Después de todo… ella era Gail Tredwell. Sin embargo, no fue el caso, pues la gente se tomó con calma su partida, y pronto nos olvidamos por completo de ella. ¿Por qué? Porque estábamos en el ashram de Amma. Porque el amor de Amma eclipsó toda la negatividad de Gail. Todos estábamos allí para aprender del ejemplo de compasión de Amma. Conociendo la necesidad de Gail para llamar la atención, me imagino cómo debió sentirse al ser tan rápidamente olvidada, y que su plan de alejar algunos corazones del amor de Amma había fracasado… Parece que en lugar de admitir la derrota y seguir avanzando en su vida, debió empezar a pensar en hacer alguna otra cosa para ser escuchada, en decir alguna otra cosa para ser reconocida, ser recordada.

Cuando leí la entrevista de Gail en la revista Rolling Stone, me sorprendió la gravedad en la exposición de su realidad deformada. Al describir su salida del ashram, afirma: “Esperé el momento en que supe que la residencia donde nos alojamos estuviera vacía, y luego me llevaron oculta bajo una manta en los bajos del asiento trasero”. Nadie habría pensado nada extraño si hubieran visto como la llevaban en un coche. Sin embargo, ella estaba viviendo un papel a partir de una película de James Bond. Su paranoia había ido en aumento.

Tras la lectura del libro de Gail, estoy atónita por cómo ha llevado tan lejos los delirios que ha ido desarrollando a lo largo de estos años. Supongo que después de 14 años las personas ignoran lo que tenías que decir y da la sensación de que nadie te está escuchando hagas o digas cualquier cosa. Nadie quiere aceptar que su vida ha carecido de sentido. Pero las acusaciones que Gail ha escrito son tan absurdamente ridículas que es difícil saber cómo reaccionar. Una parte de mí se siente como si estuviera ante un espectáculo cómico y le entrara la risa, y sin embargo la otra parte de mí siente ganas de llorar al ver que toma todo lo que es puro y escupe sobre esa pureza sin ningún tipo de inhibiciones.

Es muy difícil para mí no odiar a Grail Tredwell por el miedo y las dudas que trató de inculcarme. Es difícil no despreciarla por la burla que está tratando de hacer de mi vida. Es difícil no reaccionar por la destrucción que está haciendo de la inocencia y la belleza que se encuentran en el camino de amar a Dios que nos enseña Amma. Pero, en última instancia, ¿qué vamos a odiar lo que ella me ha hecho a mí o lo que ella se ha hecho a sí misma?

Supongo que ninguna persona pública ha dejado de ser criticada, insultada y atacada, pues es consustancial con el carácter público de su persona. Pero lo que sorprende en Amma es que, no importa lo que se diga de ella, pues sigue amando y aceptando, sólo sabe dar y perdonar. Depende de nosotros el saberlo apreciar o no.

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