“Gail Tredwell miente acerca de mí”: Kusuma restablece la historia verdadera

Hemos recibido el siguiente testimonio de una antigua devota:

Mi nombre es Gretchen McGregor. En el ashram de Amma la gente me llama Kusuma. He vivido en el ashram de Amma desde 1983. Cuando vine por primera vez a vivir aquí, sólo había seis occidentales, incluida Gail, y una docena de residentes indios. He escrito antes en este blog, pero ahora siento que es importante escribir de nuevo porque considero importante que la gente entienda el tipo de persona que realmente es Gail Tredwell.

Una de las primeras cosas que me dijo Gail sobre sí misma cuando la conocí en el ashram de Amma en 1983 era sobre un juego competitivo que llevaba a cabo cuando era joven en Australia. Gail me dijo que cuando vivía en Perth y trabajaba como secretaria jugaba a lo que denominaban “Atrapa a un tigre por la cola”. El juego implicaba salir cada noche por la ciudad y tratar conseguir acostarse con un hombre diferente en cada ocasión. Ganaba la chica que conseguía acostarse con más hombres a lo largo de una semana. Supongo que es a esto a lo que se refiere en su libro cuando menciona “la fiesta de mis noches por ahí”. Gail se reía con evidente orgullo cuando me contaba estas diversiones. Me sorprendió que me lo contará nada más conocerla. Recuerdo que pensé lo extraño que resultaba que una persona así hubiera optado por el camino monástico, y lo difícil que podía resultarle.

“Gail me dijo que cuando vivía en Perth y trabajaba como secretaria jugaba a lo que denominaban “Atrapa a un tigre por la cola”. El juego implicaba salir cada noche por la ciudad y tratar conseguir acostarse con un hombre diferente en cada ocasión. Ganaba la chica que conseguía acostarse con más hombres a lo largo de una semana.”

En noviembre de 1999, asistí en San Ramón al retiro de Amma. Hacía algunos años que no había visto a Gail. Parecía físicamente desgastada y actuaba de forma asustadiza. Me dijo de forma general que pensaba dejar a Amma. Yo traté de desanimarla para que no lo hiciera, pues me preocupaba que estuviera adoptando una decisión que pudiera lamentar más tarde, pues ella había tomado por vida los votos monásticos del sannyasa. Entonces me dijo que lo que quería decir es que iba a tomar un descanso para irse de retiro espiritual con las bendiciones de Amma. En ningún momento me confesó que lo iba a hacer por alguna razón en particular, no mencionó queja alguna ni insinuó que hubiera sufrido algún trauma por parte de Amma o los swamis. No me dijo nada de lo que denuncia ahora en su libro.

Durante el retiro tuve que ir a la ciudad y Gail me pidió que dejara una manta para un amigo de ella en una casa de San Ramón. Me facilitó la dirección y dijo que no habría nadie en la casa, que sólo dejara la manta en el vestíbulo, y así lo hice.

“La afirmación de Gail de que llevaba esos artículos para ella es absolutamente falsa. Dejé una manta en una casa, a petición de ella, y eso fue todo. En conrra de su relato, no se trataba de un “plan de fuga”, y yo no llevaba ninguno de los artículos que se enumeran en su libro. Es imposible que lo hiciera sin yo saberlo, y no soy consciente de haberlo hecho. No tuve necesidad de “simular que iba a una lavandería” y no lo hice. Tampoco parece que me incluya por error en su relato realizando ese papel de ayuda, pues solo incluye a dos personas como parte de su “plan de fuga”, yo y otra persona. Su relato sobre mi participación en este plan es completamente falso.”

Cuando leí el libro de Gail, me sorprendió cuando vi que había escrito que le había ayudado a “escapar” llevando de contrabando artículos personales, concretamente un ordenador portátil, una bolsa de dormir, una bolsa de viaje ligera, un poco de ropa de invierno, un par de frascos de champú y acondicionador, un juego de sábanas, toallas y una colcha”, así como una suma de dinero escondido. Afirma además que escondí todos estos objetos en una cesta en la que coloqué mi ropa sucia en la parte superior y que “fingía ir a una lavandería” pero donde iba era a la casa donde ella planteaba esconderse.

Me gustaría decir que esta historia es falsa. En primer lugar, no era necesario que Gail saliera en secreto. Esto y el hecho de que un mes más tarde Gail se reunió con altos responsables del ashram, y que incluso la llevaron al aeropuerto a despedirla al acabar la visita, deja bien claro que ella no era una fugitiva y no tenía necesidad de esconderse.

La afirmación de Gail de que llevaba esos artículos para ella es absolutamente falsa. Dejé una manta en una casa, a petición de ella, y eso fue todo. En conrra de su relato, no se trataba de un “plan de fuga”, y yo no llevaba ninguno de los artículos que se enumeran en su libro. Es imposible que lo hiciera sin yo saberlo, y no soy consciente de haberlo hecho. No tuve necesidad de “simular que iba a una lavandería” y no lo hice. Tampoco parece que me incluya por error en su relato realizando ese papel de ayuda, pues solo incluye a dos personas como parte de su “plan de fuga”, yo y otra persona. Su relato sobre mi participación en este plan es completamente falso.

“Ella dijo que junto con su ‘marido’ tuvieron que acudir a entrevistas formales de vez en cuando a fin de que el Servicio de Inmigración verificarse que su matrimonio era auténtico. Ella dijo que tuvieron que ensayar antes de las entrevistas, pero que hasta ahora no había sido ningún problema. Había conseguido convencer a las autoridades en diversas entrevistas de que su matrimonio no era un fraude, así que no se sentía preocupada por ello.”
Tras la marcha de Gail, durante años me ha llamado una o dos veces cada año. En una de estas conversaciones telefónicas, que tuvo lugar antes de 2005, me pareció que se sentía sola, y le pregunté si había alguien especial en su vida. Gail me contó entonces acerca de su falso matrimonio. No mencionó el nombre de su pareja, pero me comentó que era homosexual. Me dijo que había arreglado el matrimonio a fin de permanecer en Hawai ya que al ser ciudadana australiana, no podía permanecer en Estados Unidos un largo periodo de tiempo. Ella dijo que junto con su ‘marido’ tuvieron que acudir a entrevistas formales de vez en cuando a fin de que el Servicio de Inmigración verificarse que su matrimonio era auténtico. Ella dijo que tuvieron que ensayar antes de las entrevistas, pero que hasta ahora no había sido ningún problema. Había conseguido convencer a las autoridades en diversas entrevistas de que su matrimonio no era un fraude, así que no se sentía preocupada por ello.

“Esta es la Gail Tredwell que yo conozco. Una mujer con un problema de honestidad que miente cuando lo cree conveniente. Mintió acercá de mí en su libro, mintió ante las autoridades del Gobierno de Estados Unidos, y ahora está mintiendo al mundo.”

Recuerdo que en aquel momento pensé que se trataba de otra de las malas decisiones de Gail. Me sentí preocupada por ella pues estaba dipuesta a ir tan lejos y llegar a mentir al Servicio de Inmigración de Estados Unidos únicamente para conseguir lo que deseaba. He sabido que Gail pidió el divorcio cinco años después. Al parecer, el matrimonio había cumplido su propósito. Esta es la Gail Tredwell que yo conozco. Una mujer con un problema de honestidad que miente cuando lo cree conveniente. Mintió acerca de mí en su libro, mintió ante las autoridades del Gobierno de Estados Unidos, y ahora está mintiendo al mundo.

Kusuma ( Gretchen McGregor)

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