Recuerdos de Gail Tredwel (Gayatri) que presenta Radhika

Hemos recibido el siguiente testimonio de una antigua devota y residente del ashram.

Mi nombre es Radhika Nair y creo que es importante compartir mi historia y mi experiencia de vida con Amma y con Gail Tredwell.
Nuestra familia, que incluye a mi marido y dos niños, ha conocido a Amma desde 1989. Hemos estado viviendo en el ashram durante los últimos 21 años, casi la misma duración de tiempo que vivió Gail Tredwell en el ashram. Cuando nos mudamos allí, nuestros niños todavía iban en pañales.

esde el principio de mi estancia, serví en la Oficina Internacional que recibe a los visitantes del ashram. En todas las giras por el extranjero de Amma, nuestra familia acompaña a Amma. Nos alojamos en la casa de los mismos devotos que acogen a Amma y me dedico a cocinar las cenas de los swamis, a cantar bhajans y a servir en la librería durante las giras. Por tanto, he vivido muy cerca de Amma y de todos los sannyasis, incluida Gail. Muchas veces he dormido en la misma habitación que Gail. Francamente, solía apreciar a Gail por su posición, ya que se la veía como la mano derecha de Amma, y se le respetaba y escuchaba. Si no hubiera ostentado esa posición, yo habría mantenido una distancia con ella. Era una persona muy fuerte, muy manipuladora y muy,muy controladora. Muchas veces me utilizaba para cumplir sus fines. Recuerdo haber pasado situaciones desagradables porque me decía que reprendiera a alguna persona en particular, pero cuando llegaba el momento de la verdad ella se lavaba las manos y hacía que pareciera que todo había sido idea mía. No obstante, ella tenía entonces muchas hermosas cualidades que yo aspiraba tener. En los primeros años noventa, la vi como muy dedicada, trabajadora y sincera en su trabajo. Por desgracia, parece que su negatividad hizo florecer lo peor de ella, haciendo que aquellas buenas cualidades que tenía se fueran desvaneciendo hasta desparecer por completo. Recuerdo haber tenido muchas discusiones con ella hasta sentirme en estado de shock, lo que me llevaba a preguntar cómo era posible que una persona que había estado tan cerca de Amma durante tantos años pudiera ser tan negativa respecto a todo. Tenía una mala actitud sobre literalmente todo lo que veía o se mencionaba en la discusión.

“Sólo por la pura emoción de ver a mi hijo llorar, Gail tiró de sus pantalones hasta que se le vieran sus pañales, exponiéndolo delante de todos. Se sintió avergonzado cuando la gente vio que todavía usaba pañales, y se echó a llorar”.

Gail parecía sentir un placer especial al ver el sufrimiento de los demás, casi hasta el punto de mostrarse sádica. Ha habido muchos incidentes en mi vida en que he tenido motivos para sentir que Gail estaba realmente desequilibrada mentalmente. Para ser más específicos, recuerdo cuando mi hijo sólo tenía seis años y Amma estaba visitando la casa de un devoto de Los Ángeles. Mi familia también estaba allí junto con Amma. Más tarde, por la noche, traté de poner a los niños a dormir. A pesar de que mi hijo tenía seis años, solía usar un pañal solo para las noches, más que nada para despreocuparme por si sucedía algo en la cama de un anfitrión que nos había invitado. Esa noche, él estaba tratando de dormirse cuando, sólo por la pura emoción de ver a mi hijo llorar, Gail tiró de sus pantalones hasta que se le vieran sus pañales, exponiéndolo delante de todos. Se sintió avergonzado cuando la gente vio que todavía usaba pañales, y se echó a llorar. Pero Gail fue implacable. Cada vez que él corría hacia mí y yo le ponía de nuevo los pantalones, ella arrancaba a mi hijo de mis brazos y le bajaba sus pantalones otra vez y se reía sádicamente. Ella trataba de que entraran en su juego enfermizo tanto los anfitriones de la casa como otros visitantes, pero por supuesto nadie quiso jugar. Quise detenerla, pero por respeto a ella como una de las discípulas mayores de Amma, no quería decirle lo que debía hacer. Fue un momento incómodo y extremadamente difícil para todos, y profundamente doloroso para mí como madre. Finalmente nuestro anfitrión vino y rescató a mi hijo de su juego sádico, llevándoselo a otra habitación.

“Cuando mis hijos se acurrucaron en el suelo agarrándose a sus animales de peluche mutilados, Gail me miró y sonrió bien feliz, diciéndome: ‘No hay nada que me haga disfrutar más que ver a los niños sufrir”

Esa no fue la única vez en que me vi obligada a verla torturar a mis hijos. En otra ocasión, los niños tenían cada uno un animal de peluche que Amma les había dado personalmente. Estos juguetes eran muy apreciados por ellos, que dormían con los animales de peluche cada noche. Mi hijo tenía un oso koala con un bebé en sus brazos, y Amma le había dado a mi hija un canguro con un bebé en su bolsa materna. Amma solía decir a mis hijos que ellos eran los bebés y que ella era la madre. Una noche de gira cuando me alojé en la misma habitación que Gail, de repente ella tomo los dos animales de peluche de los niños y, mirando cuidadosamente a los niños, dijo: “¿Sabéis lo que siempre me ha gustado hacer con mis animales de peluche cuando era pequeña como vosotros? Os lo voy a mostrar”. Tras aquellas palabras arrancó los ojos del oso koala de mi hijo y lo arrojó al suelo. Mi hijo se puso de inmediato a llorar en voz alta, y mientras Gail dejaba caer el oso se centró en el canguro. Al ver la situación, mi hija comenzó a rogarle que no hiciera lo mismo con su canguro. Gail miró un momento con calma a mi hija y luego arrancó los ojos del canguro, uno a uno. Cuando mis hijos se acurrucaron en el suelo agarrándose a sus animales de peluche mutilados, Gail me miró y sonrió bien feliz. Todavía recuerdo como si fuera ayer mismo, lo que me dijo pues me sentí profundamente conmocionada y perturbada por sus palabras: “No hay nada que me haga disfrutar más que ver a los niños sufrir.” A partir de ese momento, supe que ella estaba profundamente perturbada, mentalmente desequilibrada. Habíamos compartido muchos momentos juntas. En varias ocasiones, me abrió su corazón y con lágrimas en los ojos me confesó que había tenido una infancia muy dolorosa y que se sentía profundamente deprimida.

Pero en los últimos años antes de que ella se fuera, se volvió totalmente cerrada. Su negatividad creció hasta tal punto que todo lo que había a su alrededor lo veía de forma opuesta a como lo veíamos los demás. Se veíamos algo bien hermoso, ella lo veía como feo. Todavía me acuerdo de la hija de un devoto que con tan solo tres años giraba en torno a sí misma llena de alegría y éxtasis durante los bhajans de Amma. Me preguntaba si aquella niña no había sido una sufí en su vida pasada. Al oír esta idea, Gail comento que la niña debía ser retrasada mental o perturbada. Le comenté lo bonitos que eran los bhajans que cantaban los swamis, pero ella sólo utilizó un tono sarcástico y comentarios hirientes sobre ellos y su música. Por supuesto no lo sabía entonces, pero ella estaba preparando su salida.

Francamente para mí y para otros muchos que conozco personalmente en el ashram, la vida bajo su mandato fue verdaderamente un “infierno santo”. Amma era nuestro único consuelo. En varias ocasiones en que yo estaba llorando sola, Amma me llamaba y me preguntaba: “¿Qué significa Gayatri para ti?” Yo no decía nada, ya que no quería decir nada en contra de Gayatri, dado el gran respeto que sentía por ella a pesar de todo. Podéis preguntaros cómo podía soportar todo esto. Cuando vemos en Amma el amor y la aceptación que tiene hacia todos, también podemos desarrollar esa capacidad en cierta medida, sucede automáticamente. Como Gayatri era la asistente de Amma, era capaz de aguantarlo todo.
Todo lo que tengo que decir es que mis hijos crecieron maravillosamente en el ashram únicamente por la influencia de Amma. Ella insistió en que estudiaran en la Facultad de Medicina, y ambos son médicos ahora. Es una vocación que ambos encuentran gratificante y a la que se han dedicado de todo corazón. Mi marido y yo estamos eternamente agradecidos a Amma. De hecho, todos los que vivimos en el ashram somos realmente una familia. Los swamis, brahmacharis, brahmacharinis, residentes con sus familias o residentes internacionales, todos viven en el pequeño trozo de cielo que es el ashram de Amma. En cuanto a los que han dejado el ashram, siempre he deseado el bien para ellos y esperar que encuentren su felicidad y paz mental en cualquier camino que elijan. Amma nunca ha obligado a nadie a permanecer en el ashram. Nos quedamos porque elegimos, porque sentimos la felicidad y la satisfacción profunda de permanecer en la comunidad del ashram, de servir a los demás y a la sociedad, y de aprender las enseñanzas de Amma y seguir su ejemplo personal. Cualquier persona que desee dejar el ashram puede salir por la puerta en cualquier momento. Si más tarde deciden volver, ellos pueden hacerlo. Algunos brahmacharis y brahmacharinis que han dejado el ashram para casarse todavía sirven en las instituciones de Amma. La idea que tuvo Gail de abandonar el ashram oculta bajo una manta sería risible si todo el asunto no fuera tan triste. La verdad es que Gail podía haber salido por la puerta principal a plena luz del día.

“No soporto su mala voluntad. En lugar de tratar de destruir la fe de otros que están disfrutando de su vida con Amma, espero que se centre en encontrar su propia paz mental y obtenga la ayuda que necesita claramente.”

En cuanto a Gayatri, incluso después de que se fuera, todos estos años me he mantenido en silencio sobre lo que ella me hizo a través de mis hijos. Pero ahora que está atacando a Amma, y atacando a mis hermanos, no puedo guardar silencio. Necesito compartir la verdad de quién era ella y cómo yo la sentí. No soporto su mala voluntad. Al ver su foto en internet, parece que los últimos catorce años no le han favorecido. En lugar de tratar de destruir la fe de otros que están disfrutando de su vida con Amma, espero que se centre en encontrar su propia paz mental y obtenga la ayuda que necesita claramente.

Desde que Gayatri se fue, he pasado mucho tiempo con Amma en su habitación durante estos catorce años, a veces la sirvo con la misma capacidad que ella hizo, y me he pasado incontables noches allí. Cocino para Amma y ayudo en otras tareas. El tiempo que he pasado con Amma de esta manera he sido totalmente feliz. Si los tipos de cosas que Gail alega en su libro fueran ciertas, las habría conocido ya que estaba en una posición para poder presenciarlas. Y sin embargo, nada en mi experiencia coincide con su historia. Todo lo que he visto es la naturaleza totalmente desinteresada de Amma mientras continúa sirviendo, incluso en privado, ya sea leyendo las cartas que recibe, atendiendo llamadas telefónicas de personas que están llevando a cabo proyectos o dirigen instituciones, o bien llamando a los devotos de todo el mundo que están enfermos y atraviesan crisis personales, a la vez que prodiga amor y atención hacia todos los niños que están creciendo en el ashram.

Radhika Nair

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