Recuerdo de Gail Tredwell: una carta de Mira

Hemos recibido el siguiente relato de una antigua devota y residente del ashram.

Viví en Amritapuri durante casi 20 años hasta que las circunstancias me llevaron a Sudáfrita. Tuve mucho que ver con Gail, ya que la veía e interactuaba con ella casi todos los días desde que llegue a vivir en el ashram en 1989 hasta el día en que se fue.

Cuando Gail dejó a la Madre, mucha gente se sintió profundamente conmocionada, pero a mí apenas me sorprendió pues había presenciado de cerca todo el proceso que condujo a aquella separación. Tampoco me sorprendió que un pequeño grupo de mujeres que formaban el “círculo íntimo” de Gail se fuera en ese momento porque veía cómo se las arreglaba para ponerlas poco a poco en contra de la Madre.

Cuando llegué al ashram, Gail parecía una persona bastante diferente. Era más suave y a veces resultaba amable y considerada respecto a los demás. Yo le tenía un gran respeto por su proximidad con la Madre. Gail era una discípula monástica de alto rango, y la veía como mi hermana mayor. Pero pronto me di cuenta de que era, en realidad, una persona totalmente egocéntrica. En el mundo de Gail, todo giraba únicamente alrededor de ella. Podía mostrarse asombrosamente cruel con cualquiera que no estuviera de acuerdo con ella o que le desagradara lo más mínimo. También podía ser cruel con las personas simplemente por el puro placer de hacerlas sufrir. Era muy controladora y podía volverse contra ti por nada, e igualmente podía utilizar su poder para hacer que tu vida fuera miserable en el ashram. A su alrededor uno tenía que andar de puntillas como si caminara sobre cáscaras de huevo. A menudo era yo la destinataria de su crueldad, de sus ataques verbales y del claro abuso de su poder.

Un día, cuando ella me estaba gritando como si fuera un perro o parecido, con palabras indecibles que salían de su boca, y simplemente porque la había entendió mal, le pedí que no me hablara de aquella manera. Esa fue la primera vez que me atreví a enfrentarme a ella. Bueno, ¡lo que tuve que pagar por ese atrevimiento! Empezó a golpearme. Más tarde comentó con todo el mundo que yo había sido grosera con ella, y durante semanas hizo uso de su rango para asegurarse de que no se me permitiera hacer ninguno de mis sevas habituales en o cerca de la habitación de la Madre. Incluso meses después, me recordaba el día en que, según Gail, me había mostrado grosera con ella.

Una vez ella comenzó a gritarme cuando me encontraba muy enferma con vómitos y diárrea. Estaba de mal humor ese día, y cuando traté de interrumpirla en su rabia para explicarle que me encontraba enferma, me respondió insultándome y diciéndome que a ella no le importaba un “comino” (por emplear una palabra suave) cómo me encontraba yo en aquel momento.

Gail me golpeó y me tiró del pelo más de una vez, pero eso no era nada en comparación con la forma en que trataba a Lakshmi. Muchas veces fui testigo de cómo golpeaba duramente a Lakshmi, la arrastraba por el pelo, le escupía en su cara e incluso la pateaba. No fui la única persona testigo de estos hechos. También estaba allí cuando Gail, en un ataque de ira, arrojó una plancha caliente a Lakshmi y vi la sangre en el cuello de Lakshmi, tras uno de los ataques particularmente feroces de Gail. Huelga decir que nada de esto ocurrió en presencia de Amma.

“Nunca he contado a nadie lo que Gail le hizo a Amma aquel día, porque Amma, en su inmensa compasión, nos prohibió a quienes supimos lo que realmente sucedió que se lo contáramos a alguien o que nos enfrentáramos a Gail. Amma simplemente nos pidió que rezáramos por Gail.”

Si Lakshmi cometía el mínimo error o, en ciertos días, si Lakshmi pronunciaba una sola palabra o reía, podía ser atacada. Y dado que Lakshmi y yo éramos como hermanas, Gail no nos permitía hablar entre nosotras. Sentimos tanto miedo que susurrábamos lo que nos teníamos que decir por si Gail aparecía atacándonos o gritándonos.

Acabo de leer el relato de Lakshmi en el que cuenta lo que sucedió en Suecia cuando Gail hizo que el pequeño barco en el que llevaba a Amma zozobrara, puedo asegurar que realmente sucedió así porque yo estaba allí presenciándolo. Vi cómo Gail ignoró por completo las súplicas de Amma e hizo que el barco volcara. A Amma le costó mucho tiempo salir a frote porque se encontró debajo del barco, y como nos contó más tarde se desorientó cuando su cabeza quedó cubierta con su sari. Nunca he contado a nadie lo que Gail le hizo a Amma aquel día, porque Amma, en su inmensa compasión, nos prohibió a quienes supimos lo que realmente sucedió que se lo contáramos a alguien o que nos enfrentáramos a Gail. Amma simplemente nos pidió que rezáramos por Gail.

A medida que el ashram fue expandiéndose, vino más gente a quedarse allí, y vi cómo el poder y la posición que ocupaba Gail se le subió a la cabeza. Después de recibir la iniciación en sannyasa, la gente le tocaba sus pies y la miraba con admiración, incluso más que antes, y así comenzó a creer que era un ser verdaderamente grande. Tenía una camarilla de mujeres alrededor, su “círculo íntimo”, que lamentablemente creían que por su proximidad a Gail estaban más cerca de la Madre. Servían a Gail y la obedecían en todo lo que se le ocurriera pedir, y se mostraban de acuerdo en todo lo que dijera por muy absurdo que fuera. Conforme pasó el tiempo, la vida de aquellas personas de su círculo íntimo parecía girar más en torno a Gail que a la Madre. Veía cómo Gail iba preparando a aquellas personas con cuidado, controlando sus vida y haciendo que poco a poco se alejaran de la Madre. Un día me encontré con una joven, sentada en el suelo y con la cabeza entre sus manos. Le pregunté qué le pasaba. Comenzó a llorar y dijo que a través de Gail estaba perdiendo su fe en la Madre. Le dije que hablara con la Madre sobre eso. No sé si lo hizo, pero ella dejó el ashram al mismo tiempo que Gail. Me sentí muy triste por su marcha, ya que aquella joven realmente había amado a la Madre. Así fue como gradualmente Gail, con su manera calculadora, envenenó las mentes de las mujeres que la rodeaban. Casi todas acabaron dejando a la Madre por la misma época en que se fue Gail.

Durante los últimos años, Gail no hizo ningún trabajo en el ashram. Estaba por lo general en su habitación, donde le daban masajes o se dedicaba a hablar con los amigos. Solía hacer mucho calor en la habitación de Gail, ya que se encontraba en la última planta. Aunque tenía un ventilador eléctrico, cuando al mediodía la temperatura estaba en su punto más álgido, solía ordenarme que subiera cubos de agua fría por la escalera hasta el tejado de cemento plano encima de su cuarto y vertiera el agua fría, así una y otra vez para enfriar su habitación. Fue una tarea agotadora y ardua, pero debido a mi respeto hacia la tradición del sannyasa, nunca se me ocurrió decirle que no.

“También creo que todo el drama de la “gran fuga” de Gail de San Ramón, no resultó desconcertante ya que cuando todavía estábamos en la India, semanas antes de la gira, Gail nos comentó a mí y a otros, explícitamente, que la Madre le había dado permiso para descansar después de la gira y quedarse en San Ramón durante unos meses.”

Durante la última gira antes de que Gail se fuera, me volví a alojar en la casa de Amma y a menudo dormía en la misma habitación de Gail. Es curioso que en su libro me coloca en unas situaciones que nunca se dieron y pone en mis labios palabras que nunca pronuncié. En sus habitación privada en Amritapuri y durante las giras, Gail dormía mucho más que cualquiera de nosotras. En las giras se despertaba mucho después de que Amma se hubiera ido a la sala de darshan por las mañanas. Lo sé porque ayudaba a Gail en la cocina durante el día, y al quedarme en la casa de los anfitriones solía llevarle una taza de té cuando por fin se despertaba, a menudo alrededor de las 10 de la mañana. Así que me parece bastante divertido que diga en su libro que después de abandonar a Amma, ¡logró su primera noche de sueño en muchos años!

También creo que todo el drama de la “gran fuga” de Gail de San Ramón, no resultó desconcertante ya que cuando todavía estábamos en la India, semanas antes de la gira, Gail nos comentó a mí y a otros, explícitamente, que la Madre le había dado permiso para descansar después de la gira y quedarse en San Ramón durante unos meses. Ella me dijo que no volvería hasta finales de enero, como muy pronto. Esa intención quedó muy clara por mi parte, pues nos habló de ello muchas veces durante la gira. Así que, ¿a qué viene todo el drama de escabullirse durante la noche en San Ramón cuando la Madre todavía estaba en los Estados Unidos? Por su puesto, es algo que ha añadido a su plan malvado de tratar de destruir la reputación de la Madre y presentarla como una extraña líder venerada.

Las acusaciones absurdas de Gail contra la Madre, Swamiji y Swami Amritatmananda son demasiado absurdas para responder a ellas. Pero los que acaban de acercarse a la Madre o que todavía no se han encontrado con ella, pueden sentirse confundidos con lo que Gail ha escrito, por tanto siento que debo decir algo. A partir de 1991, la Madre me permitió pasar la noche con ella después de los bhajans. Durante 18 años he tenido el enorme privilegio de estar con la Madre por las noches y en las primeras horas de la mañana. Me sentaba en el suelo al lado de su silla mientras ella hablaba con otras personas. Y cuando se construyó una sala de recepción para la Madre junto a su habitación, continué pasando la noche con ella. Había infinidad de veces en que estaba allí a solas con la Madre, Swamiji o Swami Amritatmananda o los otros swamis. Ni una sola vez detecte el menor indicio de coqueteo, tal como los acusa Gail en su libro.

También me he dedicado a limpiar la habitación de la madre dos veces al día durante diez años, durante el darshan y los bhajans. Y hacía la cama de la Madre y le cambiaba las sábanas, aunque sólo usaba la cama de vez en cuando para sentarse, pues ella prefería dormir en el suelo. Durante muchos años también he lavabo su ropa, sábanas y toallas durante las giras. Ni que decir tiene que nunca me he encontrado con algo remotamente inapropiado.

“Las acusaciones de Gail contra Amma y los swamis están tan fuera de lugar que me resulta difícil imaginar el hecho de que alguien de la calaña de Gail pudiera caer tan bajo. Con todo, sé que la Madre sigue amando a Gail más de lo que cualquiera de nosotros pueda concebir.”

Más que nadie, el Swami Amritatmananda es el blanco del odio de Gail. Por alguna extraña razón, parece proyectar en él la sombra de su propia oscuridad. Yo siempre lo he conocido como un swami muy amable y simpático, pero a los ojos de Gail jamás hacia algo bien.
Casi nunca oí a Gail decir algo negativo de Swami Amritaswarupananda, que es conocido como Swamiji (anteriormente llamado Balu). Recuerdo que Gail me decía que Swamiji era el único swami que le gustaba, y que sentía que era realmente su hermano. Por tanto, resulta perturbador que, aparte de Amma, sea Swamiji el personaje que elije Gail como personaje de su libro de ficción para proyectar sobre él las mentiras más repugnantes. Creo que Gail lo escoge más que nada para hacer daño a Amma, dado que Swamiji es el swami de más antigüedad en el ashram y, como tal, es muy respetado por todo el mundo. También es extraordinariamente devocional e inocente en su relación con la Madre.

No he compartido estos recuerdos por odio o por venganza. La verdad no puede ser alterada o cambiada por las intenciones maliciosas de alguien. Dadas las mentiras proferidas por Gail que ella está tratando de propagar, no puedo permanecer quieta y en silencio. De hecho, las acusaciones de Gail contra Amma y los swamis están tan fuera de lugar que me resulta difícil imaginar el hecho de que alguien de la calaña de Gail pueda caer tan bajo. Con todo, sé que la Madre sigue amando a Gail más de lo que cualquiera de nosotros pueda concebir. Espero que Gail algún día se de cuenta de este hecho.

Mira

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