Recuerdo de Gail Tredwell : Memorias de Rukmini sobre Gayatri

Recibimos la siguiente carta de una devota de los primeros tiempos del ashram

Mi nombre es Rukmini y soy de la isla Reunión. Soy hermana de Swami Pramananda (Madhu). Cuando Gail se trasladó desde Tiruvanamalai, no había llevado una vida espiritual, no tenía dinero y buscaba encauzar su vida. Madhu introdujo a Gail en temas espirituales y, finalmente, conoció a Amma por su ayuda. Él era una gran apoyo para ella pues ella estaba tratando de encontrar algo de seguridad en su vida.

Conocí a Amma en 1980 y poco después llegó Gail. En ese momento, yo solo tenía 17 años, y consideré a Gail como mi hermana mayor. Tengo que decir que el ashram no era como lo conocemos ahora y Amma tenía entonces sólo 26 años y no se la reconocía como una gran santa. Sin embargo, por aquel entonces ya recibía bastantes devotos en el kalari (pequeño templo).

“Este lugar era un paraíso para mí, con Dios en la forma de Amma. No obstante, comprendía que Gail no compartiera esa visión mía por los comentarios que hizo ya entonces. Así, poco a poco, comenzó a transformar mi cielo en un infierno.”

En realidad, en los primeros tiempos solo estaba la casa de los padres de Amma, el kalari donde se llevaba a cabo el darshan y la pequeña choza en la que residíamos. La compartíamos con Amma, Nealu (Swami Paramatmananda), Gail y yo. Este lugar era el paraíso para mí, con Dios en la forma de Amma. No obstante, comprendía que Gail no compartiera esa visión mía por los comentarios que hizo ya entonces. Así, poco a poco, comenzó a transformar mi cielo en un infierno.

Pero debido a mi corta edad y al respeto que tenía por Gail y su ‘trabajo’ (para usar sus mismas palabras), quería dedicar mi esfuerzo a su lado y compartir el seva. De hecho, Amma me pidió que lo hiciera así. En ese momento Gail empezó a revelar otro aspecto de su personalidad, pues no quería que invadiera las tareas que consideraba que eran suyas por derecho por nacimiento.

De esta manera, ella repetidamente me decía ‘¡Es mi trabajo!’ Sólo ella podía cuidar de Amma como si fuera su propiedad, y no dejaba que nadie más se acercara. Fue en esa época cuando Gail realmente me empezó a acosar, a burlarse de mí, así como a desanimarme y hacer que me sintiera inútil junto a Amma.

Su objetivo en aquel momento era conseguir que me fuera. Me dijo muchas veces que tenía una vida fácil en casa de mis padres y que sería mejor para mí irme de allí. Ella trató por todos los medios de conseguir su objetivo y sacarme de allí.

Recuerdo un día en que las dos estábamos esperando a Amma fuera de la cabaña, y Amma nos dijo lo feliz que se sentía al ver a sus dos hijas, una blanca y otra de color cogidas de la mano. Amma dijo que esa era la forma en que quería ver al mundo, todos cogidos de la mano sin diferencias de color o religión. En ese momento, asegurándose de que no iba a ser oída por Amma (¡como si eso fuera posible!), Gail me dijo: ‘Yo realmente no creo en lo que dice Amma porque ¡no me gustas y nunca me gustarás!’ me sentí totalmente hundida, porque podía sentir la unidad y la armonía dentro de mí, pero al mismo tiempo tenía tantos temores sobre una futura convivencia con Gail, ya que éramos las únicas que compartíamos ese papel de servir a Amma.

Al ver mi sufrimiento, Amma redobló el cariño que prodigaba sobre mí, lo que irritó a Gail hasta el punto que me hizo “pagar” un alto precio por ello, teniendo que soportar la crueldad y los celos cuando estábamos solas.
En ese momento, yo trataba de soportar la situación sin hacer comentarios ni reaccionar. A decir verdad, yo veía a Gail como una diablesa ya que se deleitaba en aterrorizarme.

De esta manera, me resultó imposible suportar aquel sufrimiento y, a pesar de todo el amor que sentía por Amma, encontré una excusa insignificante para volver a casa. Mi dolor por la separación de Amma sigue presente hasta nuestros días, pero viajando a lo largo de mi camino con Amma se refuerza mi creencia de que Amma es Dios encarnado. No pierdo la oportunidad de ir y estar con Amma donde quiera que esté en el mundo, porque esto es vital para mí.

“Estoy profundamente consternada al leer ahora lo que Gail dice que sucedió en el ashram de Amma. Respecto a lo que he visto y experimentado de Amma, sé que esas afirmaciones de Gail están llenas de maldad, son incoherentes y falsas. Los hechos que sucedieron según ella, nunca tuvieron lugar.”

Me siento conmocionada y no llego a comprender que al cabo de 14 años de la salida de Gail pueda ella sostener tales afirmaciones sobre Amma y sus actividades. Estoy profundamente consternada al leer ahora lo que Gail dice que sucedió en el ashram de Amma. Respecto a lo que he visto y experimentado de Amma, sé que esas afirmaciones de Gail están llenas de maldad, son incoherentes y falsas. Los hechos que sucedieron según ella, nunca tuvieron lugar.

A partir de mi conocimiento de la autora y lo que sé de ella, lo que ha escrito ha surgido de la nada, es pura locura, son mentiras y celos. Ese libro es una revelación, en la faz de la tierra, de la baja maldad que un ser como Gail puede albergar en su corazón.
Pero también sé que Amma, en su infinito amor y compasión, ya habrá personado a Gail. Ruego hoy por ella, que la Gracia de Amma le ayude a encontrar la razón de nuevo.

Rukmini (Sylvie Ramassamy)

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