Recordando a Gail Tredwell – Una carta de Swami Paramatmananda Puri (Nealu)

Hemos recibido el siguiente relato de un Swami del ashram de Amma:

Empecé mi búsqueda espiritual a la edad de 18 años y me trasladé a la India desde los Estados Unidos a esa temprana edad. Ahora tengo 64 años. Tuve mi primer encuentro con Gail Tredwell en 1978 cuando ella llegó al ashram de Tiruvanamalai donde estaba yo residiendo. Yo estaba viviendo en estrecha relación con un profesor muy respetado, por lo que Gail me miraba con reverencia y respeto. Ella podía plantearme sus preguntas espirituales y yo le daba una guía general sobre asuntos espirituales. Al llegar al ashram de Amma a principio de 1980, Gail parecía inocente y tímida, pero pronto observé un cambio en su comportamiento. Me sorprendió, dada su evidente falta de madurez, que cambiara su actitud tan rápidamente y que la negatividad se apoderada de ella. Podía reaccionar como un niño celoso en relación con Amma, a menudo dando patadas en la pared lateral de la pequeña choza en la que vivíamos cuando por cualquier motivo había algo que le molestaba de Amma. A medida que iba haciéndose con la nueva situación, empezó a sentirse como en casa, y se manifestó un lado diferente de su personalidad. Al principio pensé que se debía a su inmadurez, pero a medida que pasaba el tiempo, me di cuenta de que no era tan simple. Empezó a reírse y a burlarse de la gente en su propia cara y sin ningún tacto. Nadie estaba exento de su comportamiento inmaduro, incluyéndome a mí. Si alguien la criticaba directamente, aunque fuera por una buena razón, ella reaccionaba de inmediato con una ferocidad inusual y un gran despliegue emotivo. Por supuesto que es natural reaccionar cuando se nos critica, sin embargo las reacciones de Gail se hicieron cada vez más extremas y el respeto que sentía por mí se desvaneció rápidamente. Se volvió arrogante y corrosiva. De alguna manera, esperaba que a través de su vínculo con Amma ella pudiera tal vez empezar a reflexionar y enmendar su comportamiento. Sin embargo, eso nunca sucedió, y hasta el día de su marcha del ashram este comportamiento no solo continuó igual, sino que empeoró.

“Le pedí que me diera un poco de agua para beber ya que no podía conseguirla fácilmente. Entonces cambió su estado de ánimo de pronto y me gritó que la consiguiera yo mismo, y luego me arrojó un trapo mojado y sucio en mi cara.”

Al principio, a excepción de la casa en la que vivían los padres y hermanos de Amma, los demás vivíamos en una diminuta choza. Un día, mientras estaba acostado en la cabaña con una intensa migraña, sintiéndome débil y con sed, le pedía Gail que estaba limpiando el suelo con un trapo viejo que me trajera algo de agua, pues apenas me podía levantar. Al oír aquella petición, cambió de inmediato de estado de ánimo. Me gritó que fuera yo mismo a buscarla y después me tiró el trapo sucio a la cara. Naturalmente me sentí molesto, me levante y como pude fui al baño que había al otro lado de la propiedad. Era mediodía y hacía mucho calor, así que me detuve detrás del templo para descansar a la sombra y recuperar algo de fuerza. Amma me vio allí luchando por recuperarme y se acercó para ver lo que pasaba. Le expliqué lo que había pasado. Entristecida por el último estallido de Gail, me aconsejó que viera a Gail como una niña ignorante y que no reaccionara cuando me sintiera maltratado por ella. Si reaccionaba, eso suponía que me volvía tan ignorante como ella. Esas palabras tenían sentido, y decidí practicar la paciencia y la moderación a partir de entonces. Por supuesto, con Gail cerca, había muchas oportunidades para practicar estas enseñanzas.

Solía sentir simpatía hacia ella, a partir de mi experiencia de servicio a mi maestro espiritual en Tiruvannamalai, pues sabía que servir a un Mahatma era una austeridad equivalente a realizar una práctica espiritual intensa. A causa de la proximidad a tales seres, aparecen las tendencias negativas más íntimas de un devoto, como la ira y la rebeldía, causando mucha confusión interna, además de manifiestarse externamente a través de la conducta. Pero con el tiempo, el devoto se da cuenta de lo que está sucediendo y aprende a reprimir y a rechazar esos vasanas (tendencias innatas). Esos vasanas son como un veneno que se consume en el pasado y que impide que sanemos mientras no tomemos la purga. En otras palabras, estos vasanas negativos que se han acumulado desde el pasado a causa de nuestra ignorancia deben emerger y ser destruidos a fin de desarrollar pureza mental. Por supuesto, Amma era plenamente consciente de este hecho, y siempre encontró la manera de enseñarnos a tomar consciencia de nuestras propias debilidades y de nuestras luchas internas. Ella nos había aconsejado a Gail y a mí, desde el principio, que un Gurú primero revelará un poco de su divinidad al discípulo y luego actuará de una forma determinada para hacer surgir los vasanas con fin de purificar al discípulo. Esas enseñanzas están destinadas al crecimiento espiritual y a la evolución del discípulo y deben ser aprendidas.

Como he mencionado antes, seguí monstrando simpatía hacia Gail, pero con el tiempo su ira, arrogancia y necedad no solo persistieron, sino que crecieron. Me preguntaba acerca de su carácter obstinado, pero no podía hacer nada al respecto. Me limitaba a observarlo en silencio. Finalmente decidí mantener una distancia de seguridad y limitar el contacto con ella durante los últimos años de su estancia.

“La lectura de estas acusaciones me hace pensar que ella está muy confusa y mentalmente enferma. Ella misma menciona en su libro que ‘sentí mucho dolor al revisar mis creencias o al determinar lo que había sido real y lo que había sido la proyección’. Esta declaración es muy reveladora sobre las falsas percepciones de Gail.”

Durante sus 20 años en el ashram, no he tenido conciencia de las acusaciones de abusos que ella indica en su libro contra Amma y los discípulos de Amma. La lectura de estas acusaciones me hace pensar que ella está muy confusa y mentalmente enferma. Ella misma menciona en su libro que ‘sentí mucho dolor al revisar mis creencias o al determinar lo que había sido real y lo que había sido la proyección’. Esta declaración es muy reveladora sobre las falsas percepciones de Gail.
La depresión es un condición en la que, entre otras cosas, puede provocar una mentalidad siempre negativa, dolorosa y enojada. Las personas deprimidas pueden percibir a las personas cercanas con paranoia y negatividad, y proyectar su situación sobre esas personas. Cuando la química del cerebro se desequilibra a causa de diversos factores, eso es lo que sucede. Los medicamentos pueden ayudar mucho, pero es difícil y humillante admitir que uno mismo debería recibir tratamiento.
Aunque Gail se encontraba muy mal cuando se fue, nunca creí que iba a publicar un libro como este y llegar a tales extremos para promoverlo. A pesar de que tenía mucha rabia y resentimiento, nunca imaginé que iba a escribir un libro, que es auto´-destructivo y que puede destruir la fe de otras personas que no son principiantes y que que tienen bien fundamentada su fe. Seguramente no tuvo conciencia de la grandeza de Amma. Creo que las personas que le mostraron mucha simpatía cuando ella se fue, la animaron a escribir y publicar el libro, y la convencieron diciéndole que era lo correcto. Como alguno de ellos ya había publicado algo contra el tema de los gurús, quizás al ver la condición vulnerable de Gail los animó egoístamente a impulsar su libro en el mercado. Gail cita algunas de esas ideas al final del libro y es obvio que había un motivo para trazar todo un plan.

Swami Paramatmananda Puri

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