Mi vida prueba Gail está equivocada: Una carta de Lakshmi de Paripally

My nombre es Lakshmi. Sri Mata Amritanandamayi Devi (Amma) es mi madre, ya que “madre” significa la que ha hecho lo que soy actualmente.

Me he enterado de que una señora ha escrito recientemente algunas cosas muy negativas sobre mi madre. Una de sus acusaciones, según me han dicho, es que Amma está más cerca de la gente rica. Pero la historia de mi vida refuta esta afirmación.
“Una de sus acusaciones [de Gail], según me han dicho, es que Amma está más cerca de la gente rica. Pero la historia de mi vida refuta esta afirmación.”

No sé nada acerca de mi nacimiento o mi lugar de nacimiento, ni de mi casa. Ni siquiera sé el nombre de mi padre. Mi madre biológica era Leena y la historia que ella me contó fue la siguiente:

Mi padre y mi madre estaban enamorados. Después del matrimonio, el padre comenzó a mostrar su verdadera personalidad. Comenzó a beber, y pronto resultó cotidiano que volviera a casa borracho y abusara de mi madre. Cuando tenía alrededor de tres años y medio, me llevaron a una escuela infantil. Un día mi padre llegó allí borracho y golpeó a mi maestro. Después de eso, dejé de ir a la escuela.

Tenía tres hermanos menores: Girija , Kumar y Vijayakumar. Mis hermanos se fueron de casa antes de tiempo debido a la pobreza y al abuso. Mi madre, mi hermana y yo sólo pudimos sobrevivir mendigando. Cuando no podíamos salir a mendigar y cuando no recibimos ninguna limosna, pasábamos hambre. Vivíamos con la ropa hecha jirones.

“Los que critican a Amma deberían recordar al menos una cosa: ¿Cuántas vidas como la mía se han salvado gracias a la amorosa protección y cuidados de Amma? Si cuando el sol del mediodía está en pleno esplendor, uno cierra sus ojos en un intento por hacer que el mundo sea oscuro, sólo él se quedará en la oscuridad, nadie más”.

Teníamos una pequeña cabaña para descansar y dormir. Un día, cuando mi padre llegó a casa borracho, prendió fuego a la casa. Después de aquel suceso, empezamos a dormir en los porches de las tiendas. Incapaz de soportar la carga de la pobreza extrema, mi madre llevó a mi hermana al mar y la ahogó. Cuando vino a agarrarme, yo logré escapar.

Empezamos pidiendo limosna en los trenes. Un día, cuando estábamos en algún lugar de Tamil Nadu, mi madre me agarró y trató de poner nuestras cabezas en las vías para que nos matara un tren que se acercaba. Llena de miedo me las arreglé para salir de las vías, pero mi madre murió allí.

Después de eso, alguien me tomó de la mano y me llevó a su casa. Ni siquiera tenía cinco años. El me recogió tenía necesidad de una sierva, pero pronto se dio cuenta de que mi cuerpo desnutrido era demasiado frágil para que le sirviera. Después de eso, ya no me dio de comer y comenzó a golpearme. Entonces me decidí a volver al mismo lugar en el que me encontró. Un vecino se enteró de mi situación de abandono y me llevó al orfanato de Amma en Parippally .

Así fue cómo comenzó mi relación con Amma. En aquel entonces, había quizás unos cien niños que vivían allí. Muchos de ellos tenían algo parecido a una casa, y una vez al año, durante las vacaciones de Onam iban a visitarla. Cuando los vi preparándose para irse, me puse muy triste ya que yo no tenía casa, ni madre ni nadie. Entonces, un swami me dijo que me llevaría a una madre que estaba llena de amor.

“Cuando Amma se enteró de que yo no sabía leer ni escribir, ella misma comenzó a enseñarme. Empezó con el alfabeto. Mientras Amma estaba pasando darshan, ella me sentó a su lado e hizo que escribiera en una pizarra el alfabeto del Malayalam. Por tanto, aprendí a leer y a escribir en su presencia”.

Llegué por primera vez al Ashram de Amritapuri en autobús junto con las hermanas mayores del orfanato. A partir de aquel momento Amma siempre se aseguró de que tuviera todo lo que necesitara. Cuando Amma se enteró de que yo no sabía leer ni escribir, ella misma comenzó a enseñarme. Empezó con el alfabeto. Mientras Amma estaba pasando darshan, ella me sentó a su lado e hizo que escribiera en una pizarra el alfabeto del Malayalam. Por tanto, aprendí a leer y a escribir en su presencia.

Cuando llegó el momento de la gira de Amma del Sur de la India, le pregunté a Amma si yo también podía ir con ella. Me dijo que solo me llevaría si escribía lo que me había enseñado. Estudié mucho y cumplí la condición de Amma. Así que viajé con Amma, por primera vez, a Madurai. Independientemente de lo ocupada que estuviera, Amma solía llamarme a su habitación.

Cuando tuve 20 años, Amma me preguntó si quería seguir una vida espiritual en el ashram o una vida matrimonial. Yo le respondí que quería casarme. Sin mucha demora, Amma encontró un marido para mí. Ella misma llevó a cabo mi boda, y me dio todo el ajuar que se requiere para una novia. Actualmente tenemos dos hijos. Gracias a la bondad de Amma , nuestra vida es muy feliz. Ahora cuando vamos al Ashram, Amma nos recibe con alegría, nos da la bienvenida al igual que cualquier madre daría a una hija casada la bienvenida a su casa.

Los que critican a Amma deberían recordar al menos una cosa: ¿Cuántas vidas como la mía se han salvado gracias a la amorosa protección y cuidados de Amma? Si cuando el sol del mediodía está en pleno esplendor, uno cierra sus ojos en un intento por hacer que el mundo sea oscuro, sólo él se quedará en la oscuridad, nadie más.

Lakshmi A.
Ernakulam

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